Desde esta semana, el prólogo y los dos primeros capítulos de El Protocolo de las Ninfas se pueden leer en la web, en español, inglés e italiano. Sin descargas y sin dejar el correo. Abajo va el prólogo completo, para quien prefiera empezar aquí.
Si ya estabas suscrito: el capítulo tres es el regalo de bienvenida para quien llega ahora, y también es tuyo. Responde a este correo con un «sí», o escribe a contacto@elprotocolodelasninfas.com, y te lo mando.
Prólogo
Al manuscrito le faltan páginas.
Eso es lo primero que se aprende de él y casi lo único que nadie discute. La numeración salta. Hay hojas que tuvieron pareja y ya no la tienen. En algún momento de seiscientos años, alguien retiró unas cuantas y no dejó constancia de por qué, ni cuándo, ni de qué eran.
Lo demás se discute todo.
Se ha dicho que es una lengua perdida, un cifrado, una broma, un fraude renacentista, la obra de un enfermo y el diario de un extraterrestre. Se ha dicho por gente seria y por gente que no lo era, y a estas alturas la lista de quienes lo han intentado es más larga y está mejor documentada que el propio libro. Criptógrafos que habían roto las cifras de imperios enteros. Filólogos con carrera. Ahora, máquinas. Ninguno ha sacado una frase.
Se suele contar como una sucesión de fracasos, y entiendo por qué: seiscientos años de gente lista dándose contra lo mismo componen una historia cómoda, casi tranquilizadora.
Lo que voy a contar es la otra manera de contarlo.
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Yo llegué a esto por un hombre que llegó a esto por su cuenta, mi padre, y que no dejó escrito casi nada de lo que averiguó. Lo que quedó de él fueron dos cajas y una palabra que usaba sin poder justificarla. Con eso he trabajado.
He tardado más de lo razonable en ordenar el material. Parte del tiempo se me fue en entender que lo que tenía delante no era un enigma con solución, sino un objeto con instrucciones de uso; el resto, en aceptar que las instrucciones no eran para mí.
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Este libro no explica el manuscrito. Cuenta lo que pasó alrededor: quién lo hizo, en qué condiciones, contra quién, y qué le fue ocurriendo después a manos de todos los que quisieron tenerlo.
De casi todo eso hay papeles. De ella, ninguno.
Empiezo en el sitio donde yo empecé, que no es el principio de la historia sino el único punto por el que se podía entrar.
El capítulo uno empieza en Alicante, un lunes de enero de 2026 a las cuatro y doce de la madrugada, y sigue en Petriolo en mayo de 1419.

