En la novela, Alessandra escribe este libro para que solo responda a quien no llegue a dominarlo. Aquí no se descifra nada: se mira lo que se ve, lo que se ha dicho y lo que sigue sin saberse.

f. 1r · La primera página. Así empieza el manuscrito: sin dibujo. Solo texto, cuatro párrafos, y en el margen izquierdo unas letras en rojo, como si marcaran dónde empieza cada parte. Detrás de la tinta se transparentan manchas verdes: es la planta pintada al dorso, que después de seis siglos asoma por el pergamino.

f. 2r · Flores como de cardo. Una planta alta con dos cabezas de flor que recuerdan a un cardo o a una centaurea. Como casi todas las plantas del manuscrito, se parece a varias y no es exactamente ninguna.

f. 3r · Una planta que nadie sabe nombrar. Las hojas están pintadas como bandas onduladas, alternando el rojo y el verde, y la raíz se abre en dedos.

f. 4r · Hojas rojas y verdes. Un tallo fino, cuajado de hojitas de dos colores, crece entre las líneas de texto.

f. 9v · ¿Un pensamiento? Flores azules con el centro amarillo. Se ha comparado con el pensamiento silvestre (Viola tricolor). Es una comparación, no una identificación segura.

f. 25v · La planta y el animal. Una estrella de hojas verdes y, junto a la raíz, un animalillo con patas y cola, algo entre lagarto y dragón. Entre las plantas del libro, casi ninguna lleva un animal al lado.

f. 99r · El inventario de un boticario. Frascos pintados y, alrededor, raíces y hojas sueltas, cada una con una palabra corta al lado, como una etiqueta. Parece un catálogo de ingredientes, aunque nadie ha leído ninguna de esas etiquetas.

f. 116v · La última página. El manuscrito termina con un folio casi vacío. Arriba, cuatro líneas con otra letra, en un alfabeto que sí sabemos leer. Se han propuesto lecturas en latín y en alemán («so nim gaismich»: «toma leche de cabra»), pero no hay acuerdo sobre lo que dicen.

