De «El mundo de Alessandra»: los lugares, las personas y los libros de la novela, contados con sus fuentes.

En junio de 1419, en la isla de Andros, se compró un códice griego. Dentro venía un libro raro, los «Jeroglíficos» de Horapolo, que explicaba los signos de Egipto como figuras con sentido: un ave para decir «dios», una serpiente que se muerde la cola para decir «el mundo».
El códice pasó por las manos del viajero florentino Cristoforo Buondelmonti, llegó a Florencia y acabó en la biblioteca de Niccolò Niccoli. Hoy está en la Biblioteca Laurenziana. En aquellos años lo leían muy pocos, pero la idea de que una figura pudiera valer por una palabra ya corría entre humanistas.
Es la Florencia de los Médici, la que un día irá a por Alessandra. Leer la entrada en la web →

